En busca del Homo Ludens: Un acercamiento a "Juegos" de Elma Murrugarra

Por Rocío Castro Morgado


Para Welleshoff (1), citando a Freud, al principio del placer, que dominaba en un inicio la siquis se sobrepone el principio de la realidad. Supuestamente, en interés de la vida. Desde que nace, el individuo debe aprender a renunciar a sus impulsos, originariamente directos y desconsiderados, que tienden a satisfacer sus instintos y a desviar cada vez mayor cantidad de energía hacia objetivos sustitutorios, que son considerados socialmente útiles. Debe trabajar, adaptarse, renunciar. Todo ello se le pagará con la seguridad y las satisfacciones secundarias controladas y elaboradas culturalmente, que convertirán la naturaleza desenfrenada del impulso primario del placer en un eco que cada día se irá haciendo más y más débil.

Resulta paradójico que, en este camino, la persona se vea amenazada por un peligro: por un supuesto interés en la conservación de la vida, ésta se reprime y empieza a anquilosarse. Cuanto más rígidamente el Súper-Yo o la consciencia representa en su siquis las exigencias de la sociedad, cuanto más angustiosamente se defienden los límites del Yo frente al retorno de las tendencias inconscientes, más vacía, más soterrada se hace la vida de la persona y ésta se vuelve tierra seca: únicamente surcada por una débil corriente de agua.

Cada vez con mayor insistencia, la persona se ve forzada a consumir más energías para defender lo que ha dejado de lado y esa energía se vuelca en una agresividad hacia adentro y hacia fuera que, a título de ejemplo, adopta las formas de la rigidez moral, el carácter autoritario, el ritualismo exagerado y el bizantinismo. Paralelamente, se dispone de menos energías para las facultades eróticas, comunicativas y creadoras.

El sicoanalista Lawrence S. Kubie ha definido el entorpecimiento de las facultades creadoras como un obstáculo para la libre asociación de ideas, la imaginación y la fantasía creativa. Por ello, algunos sienten su ejercicio como “un salto espiritual a la oscuridad” tan cargado de culpabilidad y miedo que no les permite el libre curso a sus pensamientos. De igual modo, no descenderían por una escalera con los ojos cerrados, deben sujetarse de secuencias lógicas y cronológicas como de una barandilla para no caer.

Para facilitar la creatividad es necesario vencer el miedo y lanzarse al mundo de la imaginación, la ficción y la poesía. Si no logramos integrar ambos principios, seremos siempre seres escindidos. En ese intento se corren dos riesgos: El primero, que se considere que el arte - en este caso la poesía- debería servir de enseñanza orientadora para propiciar cambios sociales prácticos. Por ello, algunos críticos se preguntan siempre ante una obra por el “grupo objetivo” al que se dirige el autor. El segundo es la promesa de conseguir más placer. Se poetiza engañosamente lo rutinario, falseando el valor de las cosas. Mediante este procedimiento se procura que el individuo sea menos libre, se le indemniza por ello, proporcionándole un sustituto gratificante. Por ejemplo, los “happy end” que proponen algunas novelitas rosa.

El principio de realidad se impone al principio del placer y la creatividad se doméstica. Al inicio pensamos que el poemario Juegos de Elma Murrugarra se situaba en el equilibrio exacto entre el principio del placer y el de realidad. Ahora creemos que subvierte el principio de realidad desde el placer.

Juegos nos invita a ingresar en una dimensión lúdica, en el mundo de la infancia. Aparentemente, lejos de las presiones, responsabilidades y frustraciones de la vida adulta. Los subtítulos parecen corroborar esta intención.
La palabra retoza, libre como un cometa al viento y el juego impera en todas las dimensiones del lenguaje.

En tal sentido su poemario podía leerse desde una intención subversiva e irónica. El poemario Juegos de Elma Murrugarra subvierte la noción misma de juego, sin dejar de proponer nuevas imágenes de mujer. El primer poema nos muestra a una Cenicienta que se desnuda:

Libre ya de toda sujeción
Se arroja por la ventana

.........

Emigra
A la rama de un castillo
Y sueña
Y canta
A la madrugada
Cu Cu Lí

Tal vez este personaje que huye de los cuentos de hadas para cantar, libre de toda sujeción, pueda ayudarnos a configurar el yo poético.

El último poema del libro lleva el sugerente y equívoco título de “Ronda”que alude a las rondas infantiles y me recuerda las “noches de ronda” de algún bolero de Agustín Lara. En él se enumeran sinónimos de prostituta otorgándole a la palabra, además del significado de juego infantil -y de paso a todo el poemario- un espectro más amplio, trágico y humano. El poema se cierra con el lapidario:

Vulnerat omnes, ultima necat

Entre ambos encontramos a un Jesús, que no es judío, crucificado dos mil años después. La descripción crítica de nuestro país “que en oro se enreda” o la mención a males físicos para los que se recetan Isorbide, Ranitidina y Flixotide, mientras que nuestros médicos Ernesto Guevara y Luis Hernández recetarían sólo poesía y acción.

Es el principio del placer el que se despliega a lo largo de las páginas, como en “España”
Rojo rosa roja
Rojo vino sangre roja

O en “Naipes”, con la repetición de una suerte de mantra, que oculta cuidadosamente un mensaje trágico:

rey reyna
caballo paje
el corazón un As
tus besos su cuello

.....

reyna paje
rey caballo
un puñal un As
tu carta su sello

Podríamos leer siguiendo el juego: un puñal en el corazón.
Enunciarlo fríamente nos haría caer en el cliché. El trabajo poético renueva un mensaje que no es explícito y debe ser descubierto por un lector activo que, de modo inconsciente, es conminado a un acto de develamiento.

Se trata de una poesía que oculta más de lo que muestra. Parte de nuestra complicidad en el juego y nos invita al asombro desde el descubrimiento de las reglas, del significado oculto, sugiriendo los alcances y los riesgos de la aventura. Para conseguirlo, el lenguaje es manejado con un rigor ascético. Nada más serio, más doloroso o más trágico que un juego, que además –o a pesar de ello– puede ser divertido. En ese escenario libran sus encarnizadas batallas Eros y Tánatos. Y este Homo Ludens en el que nos transformamos por obra y gracia del poemario se vuelve un explorador impenitente, debe buscar el significado de los gestos, los ritos, las palabras.
El juego se abre. Una niña quiere asomarse al destino, por obra y gracia del azar, los números impresos en el boleto le mostrarán la cara del porvenir.

uno felicidad
dos celos
tres declaración
cuatro enamorado de ti
.........

Con los boletos del tren se pueden hacer:

avioncitos barquitos cartuchos
Pero
el boleto de tren cae
al suelo

Y de pronto nos vemos situados en otro escenario, un lenguaje extranjero clausura sus posibilidades metafóricas, o quizás no, tal vez sólo las concentra en un:

Siente frío

La vida misma se transforma en un juego en el que mientras:

un niño dibuja garabatos
la ambulancia recoge al viejo

El viaje, en el sentido real y metafórico, continúa... por supuesto.
Desde esa perspectiva se puede anunciar que:

La herida no se nota

La sola enunciación de la última palabra, nos permite la enumeración de cada nota musical: Do, Re, Mi...

En el juego de buscar palabras que empiecen con M, aparecen: Música/ Mañana/ Mamá/ Mujer/ Muerte/ y Miedo.

Creemos que esta poesía no cae en ninguno de los peligros que menciona Welleshoff. La crítica se equivocaría si le confiriera la sola promesa de búsqueda de placer o la enseñanza orientadora para propiciar cambios políticos.

Paz (2) nos recuerda que ya Rosseau y Herder habían demostrado que el lenguaje responde no a las necesidades materiales del hombre sino a la pasión y a la imaginación: no es el hambre sino el amor, el miedo y el asombro los que nos han hecho hablar.

El principio metafórico es el fundamento del lenguaje y las primeras creencias de la humanidad son indistinguibles de la poesía. Sin la imaginación poética no habría ni mitos ni Sagradas Escrituras.

La poesía de Elma Murrugarra es una mirada clara al mundo cotidiano desde la poesía y una invitación a descubrir el milagro inmerso en él.
Paz anuncia que una de las funciones cardinales de la poesía es mostrarnos el otro lado de las cosas, lo maravilloso cotidiano: no la irrealidad sino la prodigiosa realidad del mundo.

Creemos que Juegos de Elma Murrugarra consigue desde el equilibrio entre el principio de placer y realidad; es decir, desde nuestra humanidad integrada, revelarnos como seres lúdicos capaces de asombrarnos y de participar en la milagrosa realidad del mundo.


(1) Welleshoff, D. Literatura y principio de placer. Punto Omega / Guadarrama. Madrid. 1976.
(2) Paz, Octavio. Los hijos del limo. Oveja negra. Bogotá.