El Nepo, sueños de un niño crema


Nepo dice que cuando sea grande quiere ser futbolista. Su abuela dice que para jugadores basta con su abuelo. Pero ella también dice que sus padres lo tienen que bautizar, que no sabe qué esperan, que por eso le está sacando canas verdes. Que ha salido a su mamá seguro porque su hijo es un santo.

Nepo tiene tres años y unos ojazos color chocolate. También tiene asma. Y le gusta tomar raspadillas. Odia que le corten el pelo y sus rulos le caen por la cara, que casi siempre está sucia por sus mocos y por el fútbol. A Nepo le encanta que su mamá, cuando está en casa, le lea cuentos, y quiere que sean todos los cuentos de su biblioteca, para que así se quede con él todo el día, todos los días.


En las mañanas, su papá sólo alcanza a darle un beso que medio lo despierta antes de irse a trabajar. Entonces Nepo espera a que su otra abuela lo recoja para llevarlo a jugar fútbol y luego a tomar raspadillas. Él no quiere ser médico como su papá. Detesta los hospitales, porque hace una semana se llevaron ahí a su mamá y no regresa. Por eso él quiere ser futbolista. A su mamá le gusta el fútbol.

Nepo es feliz viendo a su mamá tan contenta cuando gana su equipo. Él es de la “yu” y su papá le ha comprado la camiseta de Solano. Nepo quiere hacer goles, quiere ser amigo de Reynoso, porque su mamá es hincha de Reynoso y también de Solano y también de Galván. Porque Galván es valiente dice ella. Y por eso él no se deja cortar el pelo.

Nepo espera todas estas tardes, sentadito en la primera grada de la escalera de su casa, comiendo mandarinas, soñando que quizá mañana, Reynoso lo va a ver jugando fútbol y entonces va a jugar por la “yu” y ya va a ser grande y va a sacar a su mamá del hospital y se van a ir a comer raspadillas. Porque segurito que su mamá no quiere seguir en el hospital.

Piensa que su mamá debe de estar triste porque estos días hace más frío y ella cuando está en casa, siempre le está limpiando la nariz, desenredándole el cabello con cuidado, arropándolo demasiado y cortándole las uñitas que suele tener negras. Y ahora ella no está.

Su papá le dice que su mamá está en el cielo, no sabe explicarle cómo. Le susurra que su mamá lo quiere mucho, llora y lo abraza fuerte y casi no lo deja respirar. Nepo no llora. Él sigue creyendo, que si él le cuenta a su mamá que conoce a Reynoso y que va jugar por la “yu”… ella va a regresar. De eso está seguro.

Elma Murrugarra
Foto: Valentino Murrugarra